COVID19: Derecho y amor - Antonio Calvo

Las leyes, si son buenas, nos liberan. Con ello nos hacemos más fuertes y más libres. Salimos de la selva porque el apoyo mutuo nos hizo ver que era la única solución a los problemas. La amistad es más fuerte, pero, por su extrema dificultad de cultivo, es escasa. En estos días de tormenta los relámpagos siempre iluminan la misma realidad, la comunidad es la utopía necesaria del hombre que se ha encontrado a sí mismo.

Pero, la selva es de una feracidad indomable, y vuelve, y vuelve. ¿Qué debemos hacer, acatar la ley o acatar el corazón? Cuando dos realidades son necesarias no deberían enfrentarse. Sin embargo, sucede con frecuencia.

Hoy mismo, a muchas personas se les está imponiendo el acatamiento a una ley que, según la ley, busca el bien común. Ya lo he visto en pocos días tres veces entre mis amigos. La madre se muere en una residencia. El hijo no puede estar con ella en los últimos instantes de su vida, antes de adentrarse, para siempre, en el misterio. Han enterrado solos y a distancia, a su ser más querido. Creo que no hay momentos de más transcendencia en la vida de alguien que sabe que vive y que va a dejar de existir. Tampoco en la vida de quien ve que se le va para siempre un ser al que está unido por las entrañas del amor.

¿Debo acatar la ley o acatar el corazón que me está impulsando a fundirme en el abrazo hasta que el suspiro se haya apagado? Antígona tomó su opción. Cuando no acatas la ley en un Estado de Derecho es menester acatar las consecuencias. También es posible que el contagio no perdone y el abrazo se te lleve por delante y tú también te adentres en el misterio con el ser querido.

El caso es que lo que ha descubierto la ley y su bondad, posiblemente, ha sido el amor. Y, sin la clarividencia y el coraje del amor, las leyes se hubieran convertido en cadenas, sobre todo para el débil. El amor nos ha hecho caer en la cuenta de que la vida del amado es la razón de vivir del amante, en todos los ámbitos de la vida humana. Aunque la ley también tiene en su seno mucho amor, el deber de amor a un ser que te ha dado su vida, es lo primero. Nosotros, todos personas de riesgo y sin valor social preferente en tiempos de miedo, hemos decidido vivir, si así acontece, hasta el final, con todas las consecuencias, en nuestro hogar. Es nuestra contribución al bien común y a nuestra dignidad. Os queremos. Gracias.

Antonio Calvo,
Zaragoza, a 23 de marzo del 2020