Reflexiones desde un punto de vista personalista comunitario.

Progreso versus evolución.
Una visión personal, y personalista comunitaria.

Las situaciones de crisis generalizadas y profundas en las que el hombre siente perder su seguridad existencial, le predisponen a meditar sobre la historia que le ha llevado a tal situación, y a hacerse la pregunta de si realmente ha progresado o no, a pesar de haberse vanagloriado continuamente en los avances científicos y tecnológicos sobre los que asentaba su seguridad futura y que como en la situación actual acaban constituyendo su mayor amenaza existencial. ¿Era ésta la meta, el fin buscado en ese progreso? ¿Qué ha fallado?

¿Por qué me dueles? Porque tu dolor despierta y activa el mío y pasas a ser importante para mí: por eso sufro tu sufrir. Me dueles por el querer con el que quiero quererte. Tú me dueles porque me dañas, porque te dañas, por lo que te hago, por lo que no te hago, por lo que otros te hacen, por lo que tú no sabes hacer, ni siquiera sé por qué me dueles. Mi dolor por ti deviene con/dolencia, aunque no se deba exigir reciprocidad al respecto (nadie tiene “derecho” a que le quieran). La manera más profunda de comprenderte es sufrir por ti, de ahí que cada ser humano se parezca tanto a su dolor.

Cada vez hay más hijos que manifiesta abiertamente, incluso a sus propios progenitores, que a ellos no les quieren lo más mínimo, pero que están deseando recibir su herencia. De hecho, la cantidad de padres defraudados por esos hijos a los cuales ya está comenzando a desheredar va en aumento en cantidades muy considerables. Han criado cuervos que les han sacado los ojos, y con las cuencas vacías entonan hoy desoladoras canciones de ciego.

Sobrecoge el gran respeto que le tenían los mejores teólogos (Kässeman, Hans Küng…). Él mismo uno de los teólogos más grandes (en cuanto que es la teología del Hijo de Dios) y a la vez de los más pequeños por su propia voluntad de nada mística y su fidelidad al Señor.

Marcelino ha sido el gran regalo de mi vida porque la desgarró hace sesenta años mi vida al pie de la cruz. Quien ha conocido a Marcelino no ha conocido a nadie como a él.

5 Cuaresma 2022 C Jn 8,1-11

¿Qué escribía Jesús en el suelo?

Jesús realiza un gesto profético ante la mujer adúltera: “yo no te condeno”. ¿De dónde saca esta fuerza para ir contra los que la van a lapidar? De la fuerza que nace del encuentro con su Padre. Viene de estar a solas, en silencio, en el monte de los Olivos. Se sienta en la plaza del templo, escucha y habla con la gente. Jesús presenta una imagen de Dios salvador, es decir, un Dios saludable, un Dios que es beneficioso para la salud, para que se sientan bien, felices, capaces de vivir de forma autónoma. En una palabra, les revela a un Dios entrañable, misericordioso, un Dios que es infinita misericordia. ¿Qué hacía Jesús con esta predicación? Sanar su mente y su alma de imágenes inhumanas y malsanas sobre Dios, como hoy vemos que muchos tienen. Pero, en esto, la calma se rompe con una algarabía de un grupo de hombres que vienen hacia el templo trayendo, a empujones y a rastras, a una mujer. La van apedrear. La mujer está temblando de miedo y, en medio de ese griterío, Jesús se pone en pie y, mirándoles a la cara, les dice: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. El murmullo desciende, hasta que únicamente queda el silencio. El mal puede hacer mucho ruido, en cambio el bien actúa en silencio.

Ando con mi candil encendido buscando un hombre por las vacías calles del mundo. Me presento a viejos conocidos para ofrecerles charlas sin costo alguno. Me responden que ahora no, pues ya la gente no quiere encuentros en tiempo real, pues el único tiempo real ha pasado a ser el tiempo virtual como ahora se dice. La vieja realidad ha sido sustituida por un espacio-tiempoo, el de las terrazas, los cafés y bares, al que la gente se adapta tan gozosamente que lo llaman nueva normalidad. Es este un ejemplo prodigioso de mutación: al cambiar los nombres de las cosas cambian también las cosas mismas, tal vez porque las cosas que había carecían de una densidad suficiente.

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