Reflexiones desde un punto de vista personalista comunitario.

Ante los acontecimientos que estamos padeciendo estos días y ante el carácter de la agresión que Putin (no necesariamente los rusos) están produciendo en Ucrania, se me revuelven las entrañas y grito desde mi interior ¿Es posible que aún haya líderes mundiales que planteen la guerra como posible solución a los conflictos con otros países?, ¿qué nivel de inhumanidad, de patología cerebral debe anidar en la cabeza y el corazón de Putin (¿psicópata, enfermo mental, como Hitler?) para llevar a la Ucrania primero, pero posiblemente a la humanidad entera a un proceso de destrucción masivo?

2 Cuaresma 2022 C Lc 9,28-36

Nos encontramos, en nuestra vida personal, social, económica y, sobre todo, en el seguimiento de Jesús, que la respuesta a nuestros deseos no se realiza…, entramos en crisis porque nuestra oración no es respondida, nuestro testimonio, predicación, la misión es rechazada, y sólo queda la fe en Dios. Nos tenemos que fiar, y pasar por la experiencia del fracaso. El camino del Hijo entregado ha tropezado con el escándalo de la cruz. Jesús se lo dice: Me van a matar.

No son las obras literarias las que más matan, sino la ausencia de buenas obras literarias. Giovanni Boccaccio nace el 17 de julio de 1313, en Florencia, pasa su juventud en Nápoles, y empieza a estudiar Derecho. En 1318 se establece en su tierra natal, donde será testigo de la terrible epidemia de la peste negra del 1348, entre cuyas víctimas estuvieron su propio padre y su madrastra. La obra fue comenzada al año siguiente de aquellos luctuosos acontecimientos, entre los años 1349 y 1351. A pesar de ello, horrorizado por lo vivido, volvió de forma recurrente sobre parecidos espacios literarios hasta su muerte acaecida el 21 de diciembre de 1375 en su casa de Certaldo, que muchos, incluido él mismo, creían su casa natal, sin serlo. Nuestro escritor renacentista no se preocupó demasiado por ello y aprovechó bien el tiempo.

1 Cuaresma 2022 C Lc 4,1-13

Este enfrentamiento se da cuando el cristianismo, mediante la Iglesia, se organiza más como Religión que como Evangelio.

Nos encontramos con una enseñanza decisiva para la Iglesia entera: no separarse de Jesucristo por causa de la religión. Las religiones crecen, los seguidores de Jesús disminuyen y la mayoría de los que se llaman tales viven un cristianismo convencional.

Nada debería impedir salir de casa sin mascarilla a quienes poseen una energía tan desbordante como Alejandro Magno, capaz de lanzarse a una expedición de conquista de 25.000 kilómetros por la mañana y de regresar a tomar el roscón de reyes al día siguiente, que de paso le servía de dulce corona. Yo creo profundamente las leyendas de esos eternos héroes de aceitada musculatura tan parecidos a Aquiles, el guerrero más poderoso y temido de la mitología griega. Honor y gloria, pues, a los excelsos y a las excelsas, incluidos nuestros excelentes vecinos portugueses en Burgos. Él se llama Excelso, y lo mejor es que, cuando le explicaba a su no menos Excelsa compañera Rosa la etimología del citado nombre, la buena mujer ni se inmutó, ya que según ella se correspondía inequívocamente con los atributos de su hombre. Le dicen a mi mujer que mi nombre es Excelso y corre el riesgo de morirse de risa por culpa de la excelsitud a mí atribuida o –lo que sería peor- de reaccionar enérgicamente contra mi impostura alegando que mi nombre es Legión, como el del endemoniado bíblico de la Biblia. Y con no poca razón.

Tenía yo doce años, estudiaba tercero de bachillerato en el instituto de Puertollano (Ciudad Real), llevaba pantalones cortos, y era más inocente que el niño protagonista de la película Marcelino pan y vino, estrenada premonitoriamente con gran conmoción lacrimal en 1955. Lágrimas de pureza, que dieron paso a lágrimas de horror cuando el director del centro, don Tomás García de la Santa, catedrático de latín, llorando desconsoladamente, nos sacó a todos al pequeño patio de recreo, con su camisa azul falangista, color neto, entero, varonil y proletario, para informarnos en octubre de 1956 de que el Ejército rojo acababa de aplastar brutalmente la revolución antisoviética húngara, cuyos líderes fueron luego ejecutados. Lo recuerdo vívidamente. El comunismo era la madre de todos los hijos de puta que se escondían detrás del odioso telón de acero. Y, contra comunismo, cristiandad y rosario del padre Peyton: familia que reza unida permanece unida. Eran otros fervores.

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