Reflexiones desde un punto de vista personalista comunitario.

Elpidofobia es el odio a la esperanza (elpis), la cual no es solamente algo de lo que se carece (diselpidia), sino lo siguiente a ella, a saber, el no querer tenerla, el rechazar fóbicamente la esperanza. Hay quien no tiene esperanza aunque quisiera, y quien no la quiere aunque la tuviera, razón por la cual linda con la desesperación o carencia de pie sobre el cual asentarse, de estar firme sobre el pie (super pedem, spem). Nos permitimos estas aclaraciones etimológicas dada su importancia y al mismo tiempo su inusualidad.

26. T. O. 2021 Mc 9,37-39

¿En qué mundo vivimos? Parece que quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado. Estamos rodeados de fanatismo, que quiere obligar a los demás a cambiar. Y en este contexto vital se nos presenta este evangelio en el que Jesús rompe todo exclusivismo de grupo, etnia, religión.

La conciencia fanatizada está insensibilizada ante todo lo no que gravita en su propia sentido de imantación. ¿Debemos oponernos a la intolerancia y la exclusión de los que piensan de otra manera dentro del seguimiento de Jesús? No.

“¿Qué quieres ser de mayor?”. La respuesta suele ser divertida y pone de manifiesto la ingenuidad del angelito que responde lo que más le viene en gana en ese momento, lo mismo bombero que Sumo Pontífice, que delantero centro del Real Madrid, aunque de momento no vayamos mal con Benzemá.

Quienes defienden el vocacionismo desde hora temprana no deben ignorar la existencia de muchísimas personas que no realizaron lo que habían soñado cuando jóvenes. Los conventos están vacíos por la exclaustración de vocaciones frustradas que con el curso de los días se fueron dando cuenta de que ese no era precisamente su camino, por haber descubierto otra u otras nuevas vocaciones. A veces, por desarrollo de la vocación termina uno en la vocación contraria.

25. T. O. 2021 Mc 9,30-37.

“Jesús estaba dedicado a instruir a sus discípulos. Ellos no entendían lo que decía, pero les daba miedo preguntar”.

La fidelidad de Jesús se expresa como Hijo del Padre entregado por amor a los hombres. Y lo que se deduce es: quien es amado de verdad responde amando y con amor se pone en manos de los otros para crear en y para ellos la comunidad mesiánica.

Jesús pasa de preguntar “¿quién soy yo?” a: “¿Pedro me amas?”

24. T. O. 2021 Mc 8,27-36

En el Itinerario del camino, en el seguimiento de Jesús de Pedro, nos vemos reflejados: Pedro sigue el suyo y comienza mal, porque le reconoce como Mesías en clave de poder -¡cuántos siguen buscando en Dios al “todopoderoso”!-, y Jesús lo reinterpreta en perspectiva de entrega, de ahí que añada: si quiere alguien crear nueva familia, ha de morir por ello. No nos engañemos: sólo el amor suscita nuevo nacimiento, sólo la vida regalada crea vida.

A algunos les ha sacado de este mundo la pandemia. Les llegó la hora del epitafio, término que se compone de ἐπι- (epi, ‘sobre’) y de τάφος (táphos, ‘tumba’). Ya está sobre la tumba escrito quien fuera de la tumba estaba. Se ha convertido en ciprés de sí mismo, y hay quien ha manifestado su convicción en que los cipreses creen en Dios. En todo caso, su altura parece el resultado de un estiramiento para tocar el cielo.

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